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lunes, 14 de septiembre de 2020

El comunista debe desmontar las falsificaciones reaccionarias sobre la historia nacional mientras rescata sus tradiciones revolucionarias


«Uno de los aspectos más débiles de la lucha antifascista de nuestros partidos consiste en que no reaccionan suficientemente, ni a su debido tiempo contra la demagogia del fascismo y siguen tratando despectivamente los problemas de la lucha contra la ideología fascista. Muchos camaradas no creían que una variedad tan reaccionaria de la ideología burguesa, como es la ideología del fascismo, que en su absurdo llega con harta frecuencia hasta el desvarío, fuese en general capaz de conquistar influencia sobre las masas. Esto fue un gran error. La avanzada putrefacción del capitalismo llega hasta la misma médula de su ideología y su cultura, y la situación desesperada de las extensas masas del pueblo predispone a ciertos sectores al contagio con los desechos ideológicos de este proceso de putrefacción.

No debemos menospreciar, en modo alguno, esta fuerza del contagio ideológico del fascismo. Al contrario, debemos librar por nuestra parte una amplia lucha ideológica, basada en una argumentación clara y popular y en un método certero a la hora de abordar lo peculiar en la psicología nacional de las masas del pueblo.

Los fascistas resuelven la historia de cada pueblo, para presentarse como herederos y continuadores de todo lo que hay de elevado y heroico en su pasado, y explotan todo lo que humilla y ofende a los sentimientos nacionales del pueblo, como arma contra los enemigos del fascismo. En Alemania se publican centenares de libros que no persiguen otro fin que el de falsear la historia del pueblo alemán sobre una pauta fascista.

viernes, 7 de agosto de 2020

¿Por qué los comunistas no son partidarios de las frases grandilocuentes?


«No tememos indicar abiertamente los errores, las debilidades y las deficiencias en nuestras filas, porque somos un partido revolucionario que sabe que puede desarrollarse, crecer y cumplir con sus tareas a condición de renunciar a todo lo que obstaculiza su desarrollo como partido revolucionario. (...) Camaradas, nosotros eliminamos adrede del informe y de las resoluciones del congreso las frases altisonantes en cuanto a las perspectivas revolucionarias. Pero no porque tengamos razones menos optimistas que antes, para apreciar el ritmo de desarrollo revolucionario, sino porque queremos proteger a nuestros partidos de toda inclinación a sustituir la actividad bolchevique por frases revolucionarias o disputas estériles sobre valoración de la perspectiva. A la vez que llevamos a cabo una lucha decidida contra toda tentativa de basarse en la espontaneidad, consideramos y tenemos en cuenta el proceso de desarrollo de la revolución, no como observadores, sino como participantes activos en dicho proceso. Como somos un partido revolucionario, como cumplimos en cada etapa del movimiento las tareas de interés para la revolución y que corresponden a las condiciones concretas de la etapa dada, y tenemos clara noción del nivel político de las amplias masas trabajadoras, aceleramos de la mejor manera la creación de las premisas subjetivas necesarias para el triunfo de la revolución proletaria». (Georgi Dimitrov; Los actuales gobernantes de los países capitalistas son transitorios, el verdadero dueño del mundo es el proletariado; Discurso de clausura en el VIIº Congreso de la Internacional Comunista, 20 de agosto de 1935)

Anotaciones de Bitácora (M-L):

La esencia del pensamiento de Dimitrov en este párrafo, se podría condensar en la famosa frase de Marx:

«Tomar las cosas tal como son, es decir defender la causa de la revolución de modo que corresponde a las circunstancias». (Karl Marx; Carta a Kugelmann, 23 de agosto de 1866)

domingo, 8 de marzo de 2020

Frente único proletario y frente popular antifascista; Georgi Dimitrov, 1935

En el presente capítulo Dimitrov resume las condiciones en las que se puede establecer el frente único del proletariado –es decir las alianzas del proletariado comunista con proletarios de otras organizaciones o incluso sin partido–  y el frente popular –la alianza del proletariado comunista con los pequeños campesinos, jornaleros, intelectuales, funcionarios, pequeño burgueses de la ciudad–. Esto es de suma importancia viendo las distorsiones que luego se ha hecho de estas dos cuestiones. Como resolución a este discurso se dispuso:

«Los comunistas deben incrementar su vigilancia y guardarse del peligro de del oportunismo de derecha, y deben continuar una determinada lucha contra todas estas concretas manifestaciones, teniendo en cuenta el peligro del oportunismo de derecha crecerá donde las tácticas del frente único sean aplicadas. La lucha por el establecimiento del frente único, de la acción conjunta de la clase obrera, alza como necesario que los obreros socialdemócratas se convenzan a través de las lecciones objetivas de la correcta política de los comunistas y la incorrecta política reformista, y que cada partido comunista prosiga  una lucha irreconciliable contra cualquier tendencia que rebaje las diferencias de principio entre el comunismo y el reformismo, contra rebajar la crítica de la socialdemocracia como ideología y práctica de colaboración de clases con la burguesía, contra la ilusión de que es posible transitar al socialismo pacíficamente, por métodos legales, contra cualquier realización basada en el automatismo y la espontaneidad, en la organización de la liquidación del fascismo o en la realización del frente único, contra cualquier menosprecio del rol del partido y contra la vacilación en los momentos de decisiva acción». (Internacional Comunista; Resolución final emitida por el VIIº Congreso de la Internacional Comunista respecto al informe de Georgi Dimitrov, 20 de agosto de agosto de 1935)

El documento:


«Algunos camaradas se quiebran en vano la cabeza, dándole vueltas a esta pregunta: ¿por dónde empezar, por el frente único del proletariado o por el frente popular antifascista?

Unos dicen: no se puede proceder a crear el frente popular antifascista antes de organizar un sólido frente único del proletariado.

Pero como  en una serie de países el establecimiento del frente único proletario tropieza con la resistencia de los sectores reaccionarios de la socialdemocracia, es mejor –razonan otros– empezar de una vez por el frente popular y sobre esa base desarrollar luego el frente único de la clase obrera.

Pero en una serie de países la formación del frente único del proletariado y el frente popular antifascista se hallan enlazados por la dialéctica viva de la lucha de clases, se entretejen, se convierten el uno en el otro, en el proceso de la lucha práctica contra el fascismo, y no se hallan separados, ni mucho menos, por una muralla china.

viernes, 13 de diciembre de 2019

Carta de Dimitrov a Stalin sobre los métodos y defectos en la Internacional Comunista


«Habiéndome familiarizado mejor con la situación en la Internacional Comunista (IC), llegué a la conclusión de que algunos cambios deben tomar lugar en el movimiento obrero internacional. (…) Requiere urgente revisión y cambios en los métodos de trabajo en los órganos de liderazgo de la IC. (…) Después de un intercambio de opiniones con los camaradas y líderes de la IC me convencí de que un cambio es imposible sin la intervención directa y asistencia del Buró Político del Partido Comunista (bolchevique) de la URSS. Todo esto es lo más esencial como solución a estos problemas es complicado por cierto conservadurismo y rutina burocrática incrustada en el liderazgo de la IC, así como por las relaciones poco saludables entre los camaradas que directamente participan en el liderazgo de la IC. (…) La necesidad del fortalecimiento político-ideológico en general del liderazgo del movimiento comunista». (Carta de Georgi Dimitrov a Stalin, 6 de octubre de 1934)

Notas de Bitácora (M-L):

domingo, 27 de octubre de 2019

El papel de la socialdemocracia y su actitud ante el frente único del proletariado; Georgi Dimitrov, 1935

Continuando con el estudio de las estrategias y tácticas antifascistas. 

Después, en el tercer punto, continuando con el estudio de las estrategias y tácticas antifascistas Georgi Dimitrov observó los cambios que se operaban dentro de los partidos socialdemócratas –que también como otros, tenían un origen de clase heterogéneo–, desde el militante socialdemócrata, hasta ciertos jefes socialdemócrata se habían dado cuenta –y ambos en interés de su necesidad– que la política errónea de auxiliar de la más recalcitrante reacción estaba llevando a los partidos socialdemócratas a allanar el camino a su propia liquidación como partido debido a la victoria fascismo. Aún así, y pese a estar en la cuerda floja el búlgaro anota que seguía existiendo a mediados de los años 30, y pese a la evidente «fascistización», muchísima resistencia por parte sobre todo de los líderes socialdemócratas, a cesar la colaboración con la burguesía y establecer el frente único que lanzara al partido a la lucha contra el capital. También ve como normal y evidente el proceso de «radicalización» hacia el comunismo entre los militantes obreros socialdemócratas que han contemplado desde los años 20 hasta esos días, diferentes derrotas –en la lucha contra el fascismo–, y diferentes decepciones –a la hora de gobernar el partido socialdemócrata–. Algo que puede ser una ventaja a la hora de establecer el frente único proletario con su base, y que precisamente les alejará de la influencia de sus líderes reaccionarios.

El documento: 


«Camaradas: desde el punto de vista de nuestras tareas tácticas tiene gran importancia la respuesta que demos a esta pregunta: ¿sigue siendo la socialdemocracia, en los momentos actuales, el sostén principal de la burguesía? ¿Y dónde?

Algunos de los camaradas que participaron en la discusión –como los camaradas Peter Florin y Palme Dutt–, rozaron este problema: pero dada su importancia es necesario darle una respuesta más completa. Es un problema que se plantean, y no pueden dejar de plantearse, los obreros de todas las tendencias, en particular de los obreros socialdemócratas.

viernes, 1 de marzo de 2019

Dimitrov hablando claro sobre el deber de los comunistas ante la cuestión nacional


«Es evidente que hay que poner bien de relieve, en todas partes y en todas las ocasiones, ante las masas y demostrar de un modo concreto que la burguesía fascista, con el pretexto de defender los intereses de toda la nación, practica la política egoísta de opresión y explotación de su propio pueblo y la expoliación y la esclavización de los demás pueblos. Pero no podemos limitarnos a esto. Al mismo tiempo, tenemos que poner de manifiesto, a través de las propias luchas de la clase obrera y mediante las acciones del Partido Comunista, que el proletariado, al rebelarse contra todo vasallaje y contra toda opresión nacional, es el único y auténtico campeón de la libertad nacional y de la independencia del pueblo.

Los intereses de la lucha de clases del proletariado contra los explotadores y opresores patrios no están en pugna con los intereses de un porvenir libre y feliz de la nación. Al contrario: la revolución socialista será la salvación de la nación y le abrirá el camino para un auge más esplendoroso. Por esto, porque la clase obrera, al construir hoy sus organizaciones de clase y afianzar sus posiciones, al defender contra el fascismo los derechos y libertades democráticas, al luchar por el derrocamiento del capitalismo, lucha ya a través de todo esto por ese porvenir de la nación.

El proletariado revolucionario lucha por salvar la cultura del pueblo, por redimirla de las cadenas del capital monopolista en putrefacción, del fascismo bárbaro que la violenta. Sólo la revolución proletaria puede impedir el naufragio de la cultura, elevarla al más alto esplendor como verdadera cultura popular, de esa cultura, nacional por su forma y socialista por su contenido, que se está realizando ante nuestros ojos en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas bajo la dirección de Iósif Stalin (Aplausos).

El internacionalismo proletario no sólo no está contra la lucha de los trabajadores de cada país por la libertad nacional, social y cultural, sino que además garantiza, gracias a la solidaridad proletaria internacional y a la unidad de lucha, el apoyo necesario para triunfar en ella. Sólo en la más estrecha alianza con el proletariado victorioso de la gran Unión Soviética, puede triunfar la clase obrera de los países capitalistas. Sólo luchando codo a codo con el proletariado de los países imperialistas, pueden los pueblos coloniales y las minorías oprimidas lograr su liberación. La alianza revolucionaria de la clase obrera de los países imperialistas con los movimientos de liberación nacional de las colonias y países dependientes es un jalón, absolutamente indispensable, en la senda del triunfo de la revolución proletaria en los países imperialistas, pues como enseñaba Marx, «el pueblo que oprime a otros pueblos jamás puede ser libre». (Georgi Dimitrov; La clase obrera contra el fascismo; Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

lunes, 13 de agosto de 2018

¿Por qué triunfó Georgi Dimitrov ante los verdugos fascistas que pretendían enjuiciarle en 1933?


«¿Por qué triunfó Georgi Dimitrov ante los verdugos fascistas que pretendían enjuiciarle en 1933? Porque pese a estar incomunicado, a pesar de no ser un ilustrado en cuestiones jurídicas, desmontó  las acusaciones y convirtió a los acusadores en acusados, no mendigó su exculpación. Por supuesto no todos los juicios son iguales y no se puede pretender tener una defensa calcada en todos los casos, pero Dimitrov mantuvo unas pautas fundamentales: no dejó de identificarse comunista, no dejó de condenar precisamente el uso del terrorismo individualista para hacer la revolución ante la acusación de los nazis de que los comunistas habían incendiado el Parlamento, subrayó la necesidad para los comunistas de ganarse a la mayoría de la clase obrera para tomar el poder, analizó en base al materialismo dialéctico las causas por las que al régimen nazi le convenía intentar realizar dicha maniobra sobre los comunistas y lo expuso pese a jugarse la pena de muerte, hizo una exposición magistral de que era la ideología nazi y su cariz reaccionario, dejando en ridículo al magistrado y surgiendo toda una campaña de solidaridad que presionaría para que fuese liberado como ocurrió poco después. Mientras que por otro lado Ernst Torgler, diputado alemán, adoptó una defensa pasiva, estuvo más preocupado en su suerte personal, y no desplegó una defensa política general sobre el juicio desde el punto de vista de clase proletario, sino desde el punto de vista estrictamente jurídico y personal, incluso renunció a algunos principios ideológicos falseando la línea oficial del partido, quedando finalmente preso tras su juicio, siendo criticado y expulsado del partido comunista por su postura, dicho sujeto posteriormente fue liberado a cambio de trabajar para la Gestapo e incluso fue parte del ministerio de propaganda nazi, poco después del fin de la época nazi, ingresó en el partido socialdemócrata. He ahí dos muestras de como deben enfrentarse los comunistas ante los medios de represión». (Equipo de Bitácora (M-L); Estudio histórico sobre los bandazos políticos oportunistas del PCE (r) y las prácticas terroristas de los GRAPO, 2017)

sábado, 10 de febrero de 2018

Dimitrov hablando sobre el atentado a la Catedral de Sveta-Nedelyaa de 1925 y sus nefastas consecuencias


«La dictadura fascista impidió seriamente el trabajo legal de masas del partido. Al mismo tiempo, las perspectivas de una nueva lucha armada indujeron al partido a prestar especial atención a la formación militar de las masas.

En esta situación, y estimulado por el terror blanco del gobierno fascista, surgió el peligro de una desviación ultraizquierdista dentro del partido, y en particular dentro de su organización militar que, en respuesta al terror del gobierno, organizaron sus propias agrupaciones y actuaban cometiendo actos terroristas.

lunes, 5 de febrero de 2018

No basta sólo con tener una línea justa; Georgi Dimitrov, 1935

En la parte final de su «discurso resumen», Georgi Dimitrov da un magnífico ejemplo sobre cuestiones de grandísima importancia no siempre apreciadas en su justa medida. En cuanto a la línea del partido –que es el sexto punto de su informe–, el autor destaca:

a) No contentarse con realizar un buen análisis y sacar en claro grandes resoluciones, sino supervisar que se aplique tales publicaciones, supervisar así mismo que sean los cuadros adecuados quienes lleven a cabo las diferentes tareas que garanticen esto.

b) Hacer que las resoluciones del partido, que su línea, llegue a todas las capas de las masas trabajadoras, en palabras del búlgaro sería: «aprender el arte leninista de convertir nuestros acuerdos en patrimonio, no sólo de los comunistas, sino también de las más amplias masas trabajadoras». Y realizar esta tarea aprendiendo sabiendo hablar a las masas sabiendo evitar el «lenguaje pesado» y pudiendo comunicarte con las masas «en su propio lenguaje», de acuerdo con su nivel teórico del marxismo, pensando en todo momento «en el obrero sencillo que tiene que entenderte, creer tus llamamientos y estar dispuesto a seguirte».

El documento:


«Camaradas; elaborar una línea política justa es, huelga decirlo, fundamental, para la Komintern y para cada una de sus secciones. Pero tener esa línea no basta para dirigir de ese modo concreta la lucha de clase.

Para ello es necesario que se creen una serie de condiciones, y en particular las siguientes:

La primera es asegurar, en el terreno de la organización, que en la labor práctica se lleven a cabo todos los acuerdos adoptados y superar con decisión los obstáculos que se presenten en el camino.

Lo que el camarada Stalin planteó en el XVIIº Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, en relación con la aplicación consecuente de la línea política, puede considerarse como valedero, total o parcialmente, en el momento de adoptar resoluciones en ese sentido por nuestro congreso:

«Algunos piensan que basta trazar una línea –decía el camarada Stalin– acertada en el partido, proclamada públicamente, exponerla en forma de tesis y resoluciones generales y aprobado en votación unánime, para que la victoria llegue por sí sola, digámoslo así, por el curso natural de las cosas. Esto, claro está, no es cierto. Es un gran error. Así no pueden pensar más que incorregibles burócratas y aficionados al papeleo. En realidad, estos éxitos y estas victorias no han sido alcanzados sin más ni más, sino en la lucha encarnizada por la aplicación de la línea del partido. La victoria no llega nunca por sí sola: habitualmente, hay que conquistarla. Las buenas resoluciones y declaraciones en favor de la línea general del partido constituyen sólo el comienzo de la obra, pues no significan más que el deseo de triunfar, y no la victoria misma. Una vez trazada la línea certera, una vez se ha indicado la solución acertada de los problemas planteados, el éxito dependen del trabajo de organización, depende de la organización de la lucha por la puesta en práctica de la línea del partido, depende de una acertada selección de hombres, del control del cumplimiento, de las decisiones adoptadas por los organismos directivos. De otro modo, la acertada línea del partido y las decisiones acertadas corren el riesgo de sufrir un serio daño. Más aún: después de trazada una línea política certera, es el trabajo de organización el que lo decide todo, incluso la suerte de la línea política misma, y su cumplimiento o su fracaso». (Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, Stalin; Informe en el XVIIº Congreso del Partido Comunista (bolchevique) de la Unión Soviética, 1934)

Creo superfluo añadir nada a estas exigencias que deben ser un principio rector en nuestro trabajo.

Otra condición es conseguir que los acuerdos de la Komintern y de sus secciones los hagan suyos las masas.

Esto resulta tanto más necesario ahora que se plantea el problema de crear el frente único del proletariado e incorporar a las más extensas masas del pueblo al frente del frente popular antifascista. El genio político y táctico de Lenin resalta con más claridad en la maestría con que supo llevar a las masas, sobre la base de su propia experiencia, a comprender la línea y las consignas justas del partido. Si estudiamos toda la historia del bolchevismo, ese riquísimo arsenal de estrategia y táctica política del movimiento obrero revolucionario, podemos convencernos de que los bolcheviques no remplazaron jamás los métodos de dirección de las masas por los de dirección del partido.

sábado, 6 de enero de 2018

Carta a los obreros austriacos; Georgi Dimitrov, 1934


«I

Tengo a la vista una carta con fecha del 7 de diciembre de 1933, recibida el 15 de enero de 1934 en la cárcel de Leipzig. Es una carta de un grupo de obreros de la barriada «Carlos Marx», que después de los acontecimientos de febrero adquirió notoriedad mundial. He aquí lo que me decían en su carta.

«Querido camarada Dimitrov:

En nombre de muchos de nosotros te enviamos los más calurosos saludos. Millones de seres escuchan muy atentamente tus audaces palabras. Con ellas infundes fuerzas a esos millones de personas. Tu lucha no será vana; ella es también la nuestra. El gran ejército del proletariado consciente está cohesionado tras de ti.

Te rogamos nos escribas unas líneas.

Con saludos proletarios y libertad (Siguen numerosas firmas)». (Barriada «Carlos Marx»; Carta a Georgi Dimitrov, Viena, 7 de diciembre 19337 de diciembre de 1933)

El mismo día que me llegó esta carta, intenté enviar a través de la severa censura policíaca la siguiente breve respuesta:

«He recibido hoy vuestra amistosa carta con fecha del 7 de diciembre del pasado año y la he leído con gran alegría y agradecimiento. En lo que respecta a mi actitud ante el tribunal, he procurado únicamente cumplir con mi deber proletario y ser fiel hasta el fin a mi heroica clase. Con fraternales saludos de lucha». (Georgi Dimitrov; Carta de respuesta a la Barriada «Carlos Marx», 15 de enero de 1934)

Ignoro si incluso esta corta respuesta ha llegado a sus destinatarios.

Leí repetidas veces esta carta de los obreros austriacos, cuando conocí por periódicos fascistas alemanes, en los sótanos de la policía secreta de Göring en Berlín, las heroicas luchas de los obreros austriacos. Seguía con honda emoción el desarrollo de los acontecimientos y la salida de la lucha armada entre el proletariado austriaco y el fascismo. Vuestro heroísmo proletario me llenó de inmensa alegría, mientras que me llenó de profundo odio la política de traición de los dirigentes socialdemócratas.

martes, 10 de mayo de 2016

El fortalecimiento de los partidos comunistas y la lucha por la unidad política del proletariado; Georgi Dimitrov, 1935

Assen Vassilev - «G. Dimitrov con los mineros de rally Pernik en la capital - 24 de mayo de 1911»

«¡Camaradas! En la lucha por establecer el frente único aumenta de un modo extraordinario el papel dirigente de los partidos comunistas. Sólo el partido comunista es en realidad el iniciador, el organizador, la fuerza motriz del frente único de la clase obrera.

Los partidos comunistas sólo pueden asegurar la movilización de las amplias masas trabajadoras para luchar unidas contra el fascismo y la ofensiva del capital, si fortalecen sus propias filas en todos los aspectos, si despliegan su iniciativa, si llevan a cabo una política marxista-leninista y una táctica justa y flexible, que tenga en cuenta la situación concreta y la distribución de las fuerzas de clase.

El fortalecimiento de los partidos comunistas

En el período entre el VIº congreso de la Komintern de 1928 y de este VIIº congreso presente de 1935, nuestros partidos de los países capitalistas han crecido sin duda alguna y se han templado considerablemente. Pero sería un error sumamente peligroso darse por satisfecho con esto. Cuanto más se extienda el frente único de la clase obrera, más tareas nuevas y complicadas se nos plantearán, más tendremos que trabajar por el fortalecimiento político y orgánico de nuestros partidos. El frente único del proletariado hace brotar un ejército de obreros, que sólo puede cumplir su misión, si tiene a su cabeza un guía que le señale sus objetivos y sus caminos. Sólo un fuerte partido revolucionario puede ser este guía.

Cuando nosotros, los comunistas, hacemos todos los esfuerzos por establecer el frente único, no lo hacemos desde el punto de vista mezquino de reclutamiento de nuevos afiliados para los partidos comunistas. Pero precisamente porque queremos fortalecer seriamente el frente único, debemos fortalecer también en todos los aspectos los partidos comunistas y aumentar sus efectivos. El fortalecimiento de los partidos comunistas no representa un interés cerrado del partido, sino un interés de toda la clase obrera.

La unidad, la cohesión revolucionaria y la presteza combativa de los partidos comunistas son el más precioso capital, que no nos pertenece solamente a nosotros, sino a toda la clase obrera. Hemos asociado y seguiremos asociando la disposiciones para lanzarnos a la lucha contra el fascismo a los partidos y organizaciones socialdemócratas, sin que eso suponga evitar la lucha irreconciliable contra el socialdemocratismo como ideología y como práctica de la conciliación con la burguesía, y también, por consiguiente, sin levantar el veto contra toda penetración de esta ideología en nuestras propias filas.

En la realización decidida y audaz de la política del frente único, encontramos en nuestras propias filas obstáculos, que tenemos que vencer, cueste lo que cueste, en el menor espacio posible de tiempo.

Después del VIº Congreso de la Komintern de 1928 se llevó a cabo, en todos los partidos comunistas de los países capitalistas, una lucha victoriosa contra la tendencia a la adaptación oportunista a las condiciones de la estabilización capitalista y contra el contagio con las ilusiones reformistas y legalistas. Nuestros partidos limpiaron sus filas de toda clase de oportunistas de derecha y con ello afianzaron su unidad bolchevique y su capacidad combativa. Con menos éxito se libró y, a veces, no se libró de ningún modo la lucha contra el sectarismo. El sectarismo no se manifestaba ya en formas primitivas y descaradas, como en los primeros años de existencia de la Komintern, sino que, disfrazándose con el reconocimiento formal de las tesis bolcheviques, frenaba el despliegue de la política bolchevique de masas. En nuestros tiempos, ya no es con frecuencia una «enfermedad infantil», como lo calificó Lenin, sino un vicio muy arraigado, y sin curarnos de él, no podremos resolver el problema de crear un frente único proletario y llevar a las masas de las posiciones reformistas hacia la revolución.

viernes, 22 de abril de 2016

¿De dónde emana la influencia del fascismo sobre las masas?

Mussolini durante la marcha sobre Roma, 1922

«¿De dónde emana la influencia del fascismo sobre las masas? El fascismo logra atraer a las masas porque especula de forma demagógica con sus necesidades y exigencias más candentes. El fascismo no sólo azuza los prejuicios hondamente arraigados en las masas, sino que especula también con los mejores sentimientos de éstas, con su sentimiento de justicia y, a veces, incluso con sus tradiciones revolucionarias. ¿Por qué los fascistas alemanes, esos lacayos de la gran burguesía y enemigos mortales del socialismo, se hacen pasar ante las masas por «socialistas» y presentan su subida al poder como una «revolución»? Porque se esfuerzan por explotar la fe en la revolución y la atracción del socialismo que viven en el corazón de las amplias masas trabajadoras de Alemania.

El fascismo actúa al servicio de los intereses de los imperialistas más agresivos, pero ante las masas se presenta bajo la máscara de defensor de la nación ultrajada y apela al sentimiento nacional herido, como hizo, por ejemplo, el fascismo alemán que arrastró consigo las masas pequeño burguesas con la consigna de: «¡contra el tratado de Versalles!».

El fascismo aspira a la más desenfrenada explotación de las masas, pero se acerca a ellas con una demagogia anticapitalista muy hábil, explotando el profundo odio de los trabajadores contra la burguesía rapaz, contra los bancos, los trusts y los magnates financieros y lanzando las consignas más seductoras para el momento dado, para las masas que no han alcanzado una madurez política. En Alemania: «nuestro Estado no es un Estado capitalista, sino un Estado corporativo», en el Japón: «por un Japón sin explotadores», en los Estados Unidos: «por el reparto de las riquezas», etc.

El fascismo entrega al pueblo a la voracidad de los elementos más corrompidos y venales, pero se presenta ante él con la reivindicación de un «gobierno honrado e insobornable». Especulando con la profunda desilusión de las masas sobre los gobiernos de democracia burguesa, el fascismo se indigna hipócritamente ante la corrupción –véase, por ejemplo, el caso Barmat y Sklarek en Alemania, el caso Staviski en Francia y otros–.

El fascismo capta, en interés de los sectores más reaccionarios de la burguesía, a las masas decepcionadas que abandonan los viejos partidos burgueses. Pero impresiona a estas masas por la violencia de sus ataques contra los gobiernos burgueses, por su actitud irreconciliable frente a los viejos partidos de la burguesía.

Dejando atrás a todas las demás formas de la reacción burguesa por su cinismo y sus mentiras, el fascismo adapta su demagogia a las particularidades nacionales de cada país e incluso a las particularidades de las diferentes capas sociales dentro de un mismo país. Y las masas de la pequeña burguesía, incluso una parte de los obreros, llevados a la desesperación por la miseria, el paro forzoso y la inseguridad de su existencia, se convierten en víctimas de la demagogia social y chovinista del fascismo.

El fascismo llega al poder como el partido del asalto contra el movimiento revolucionario del proletariado, contra las masas populares en efervescencia, pero presenta su subida al poder como un movimiento «revolucionario», dirigido contra la burguesía en nombre de «toda la nación» y para «salvar» a la nación –recordemos la «marcha» de Mussolini sobre Roma, la «marcha» de Piłsudski sobre Varsovia, la «revolución» nacional-socialista de Hitler en Alemania, etc–.

Pero cualquiera que sea la careta con que se disfrace el fascismo, cualquiera que sea la forma en que se presente, cualquiera que sea el camino por el que suba al poder; el fascismo es la más feroz ofensiva del capital contra las masa trabajadoras; el fascismo es el chovinismo más desenfrenado y al guerra de rapiña; el fascismo es la reacción feroz y la contrarrevolución; el fascismo es el peor enemigo de la clase obrera y de todos los trabajadores». (Georgi Dimitrov, La clase obrera contra el fascismo: Informe en el VIIº Congreso de la Komintern, 2 de agosto de 1935)

viernes, 11 de marzo de 2016

El pueblo búlgaro en lucha por la democracia y el socialismo; Georgi Dimitrov, 1948

[Enlaces de DESCARGA del texto en PDF al final del documento]

La siguiente obra de Dimitrov es de suma importancia. Aparte de ser un análisis de la situación nacional e internacional de 1948, y una exposición de las políticas de los países socialistas o de democracia popular de mediados de los años 40, es un informe que expone el carácter y las tareas de un frente en la etapa de construcción socialista. No hace falta decir la escasez de interés de los supuestos marxista-leninistas en la cuestión de clarificar que es un frente, mucho menos de diferenciar las tareas de un frente en la etapa antifascista de las tareas del mismo en la etapa de liberación nacional, cuando efectivamente su fisonomía, y la de las fuerzas dialécticas enfrentadas, no es la misma. Repasemos algunas cuestiones:

¿Qué es un frente más allá de la palabra?

«Actualmente tanto algunos revisionistas como los propios seguidores del «socialismo del siglo XXI» hablan de la utilización de frentes en sus estrategias y tácticas políticas, se llenan la boca hablando de la necesidad de apoyarse en frentes, aunque poco saben explicar que son o cuáles son sus objetivos. Cierto es que tanto para la lucha para la conquista de objetivos menores, como para objetivos máximos, es permisible la idea de un frente de lucha –sea de características y objetivos antiimperialistas, antifascistas, anticapitalistas, y otros– donde converja el partido comunista con otras organizaciones –teniendo estas una mayoría de elementos de las clases trabajadoras, sean obreros o elementos pequeño burgueses–, pero sólo tiene aplicación bajo determinadas condiciones, y el partido comunista siempre tendrá el deber de ser vanguardia de dicho frente si no quiere que fracasen los objetivos del frente y que esa alianza temporal caiga en manos burguesas para manejarla a su antojo». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)

¿Qué carácter tienen estos frentes?:

«Generalmente a este tipo de frente se ha llamado frente popular, con el calificativo de popular por el hecho de unir a obreros y el resto de clases trabajadoras para un fin concreto. También han existido históricamente los llamados frente único del proletariado, donde el partido comunista instaba al resto de organizaciones con gran afiliación de obreros, o de obreros sin partido, hacia un objetivo concreto. Este tipo de frente fueron comunes tras la Primera Guerra Mundial, y eran utilizados como métodos para frenar la ofensiva de la burguesía sobre los derechos laborales de los obreros y su nivel de vida, pues era común por entonces, que la burguesía intentara por ejemplo: pagar las reparaciones de guerra que debía a otros países cargando tal deuda a espaldas de las clases trabajadoras, por lo que muchas veces estos frentes, no eran sólo frente único del proletariado, sino que se extendían con las organizaciones no proletarias de artesanos, campesinos y demás, agraviados por la ofensiva de la burguesía; convirtiéndose en frente popular con diversos calificativos: frente del trabajo, frente de los trabajadores, frente anticapitalista etc., razón por la que en ocasiones estos dos tipos de frente se entrelazan. Los calificativos usados por cada frente no importan, lo importante, es comprender en cada experiencia de frente que alianza contraía el proletariado y con qué objetivo». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)

¿Qué funciones tienen?

«Erróneamente se ha creado el mito de que los frentes solo sirven para estrategias y tácticas de carácter defensivo, pero la historia ha demostrado que los frentes pueden tener dos funciones: tanto defensivo como ofensivo. Del mismo modo que un tipo de frente –uno anticapitalista por ejemplo– puede ser usado a veces como frente defensivo y otras como frente ofensivo El frente usado por los comunistas en Bulgaria mismamente durante los años 20 fue un frente anticapitalista defensivo, después durante la Segunda Guerra Mundial se utilizó un frente defensivo antiimperialista y antifascista, pero poco después tras la finalización de la guerra se uso un frente ofensivo anticapitalista para la construcción del socialismo. Hay que tener en cuenta que los frentes no tienen la misma función antes que después de la toma de poder por el partido comunista, una vez instaurada la dictadura del proletariado el frente sirve como correa de transmisión entre el partido y las organizaciones de masas bajo la regla del centralismo democrático, mientras que en el periodo previo servía más bien como una coalición de capas populares donde sus organizaciones no estaban sujetos a normas tan claras, ha de comprenderse que el rol, las normas, y carácter del frente cambian de una etapa a otra». (Equipo de Bitácora (M-L); El revisionismo del «socialismo del siglo XXI», 2013)

Dejemos una breve descripción del soviético Naum Farberov sobre el desarrollo de los frentes construidos por los partidos comunistas en los países de Europa central y del Este. Con esta cita podremos ver su desarrollo desde la Segunda Guerra Mundial hasta la toma de poder tras el fin de la ocupación ítalo-alemanes, y el programa y las primeras tareas de este frente:

«La situación actual en las democracias populares se caracteriza igualmente por la reorganización de los frentes populares –bajo el nombre de frente patriótico, nacional, etc–. Después del aplastamiento de los ocupantes alemanes por el ejército soviético y el derrocamiento de los antiguos regímenes por los trabajadores de los países en cuestión, las tareas fundamentales de los frentes populares eran: aniquilamiento de la reacción, lucha por la independencia nacional, democratización de la vida social y política. En lo fundamental estas tareas fueron realizadas en 1947-48 y hoy ya no constituyen una guía práctica para la acción». (Naum Farberov; Las democracias populares, 1949)

Del cambio de funciones en esos frentes tras resolver esas tareas antifascistas, antiimperialistas, antifeudales, y el paso a resolver otras de carácter socialista:

«Paralelamente, la organización inicial de los frentes populares ha dejado de corresponder a las tareas de la nueva etapa. Mientras que antes de 1947-48 los frentes populares eran una especie de coaliciones de partidos, la nueva etapa de desarrollo –marcha hacia el socialismo– exige una unión más estrecha de las fuerzas populares. Desde entonces ha sido necesario reorganizar los frentes populares, transformarlos en organizaciones con un programa preciso, con organismos dirigentes elegidos y una disciplina para todos sus miembros, en organizaciones dedicadas a edificar el porvenir bajo la dirección de los nuevos partidos obreros. Esta reorganización de los frentes populares fue realizada en 1947-48. Organizados según los principios del centralismo democrático, los frentes populares comprenden, además de los partidos políticos, los sindicatos, las organizaciones cooperativas, las organizaciones de mujeres, de jóvenes y otras organizaciones públicas, así como a título individual toda persona que reconoce los estatutos y el programa y que trabaja en una de sus organizaciones, haciendo resaltar el papel dirigente de la clase obrera, los nuevos programas de los frentes populares señalan como tarea esencial la edificación de la sociedad socialista. Con este fin es preciso reforzar y extender el sector de Estado de la economía, desarrollar las cooperativas agrícolas de producción, ampliar y profundizar la planificación de la economía, desarrollar el espíritu de iniciativa y la emulación en los trabajadores». (Naum Farberov; Las democracias populares, 1949)

Y la advertencia de mantenerse fieles a la esencia y tareas de un frente según el marxismo-leninismo:

«La fuerza dirigente de las democracias populares es el partido comunista –proletariado–. El partido comunista forma parte de los frentes populares, pero lejos de diluirse en ellos, el partido los dirige. Más aún, los partidos comunistas se presentan delante del pueblo abiertamente, con su propio nombre, como una fuerza política independiente que dirige la edificación socialista. Si el partido comunista abandonara su posición dirigente, se negaría a sí mismo como vanguardia de la clase obrera, la única capaz de inspirar y dirigir la emancipación de todas las demás categorías de oprimidos. Este abandono, del que se han hecho culpables los dirigentes del Partido Comunista de Yugoslavia, conduce necesariamente al oportunismo político, al abandono de la propia edificación socialista y, finalmente, a aliarse a la reacción. Los frentes populares han jugado un papel magnífico en la lucha contra los invasores fascistas y la reacción interior, y deben continuar siendo en el futuro un arma importante para la consolidación de las fuerzas democráticas. Pero no sustituyen ni pueden sustituir al Partido Comunista. Dado las clases que los componen, los frentes populares no pueden jugar un papel positivo más que bajo la dirección del partido comunista, vanguardia organizada de la clase obrera y de todos los trabajadores». (Naum Farberov; Las democracias populares, 1949)

Es aquí, en la presente obra, que Dimitrov nos aclarará de modo concreto el cambio que existe en las funciones de un frente de una etapa defensiva a la etapa ofensiva. Entiéndase que no todas estas características estarán presentes en otros países, esta es solo la descripción de como sucedió en Bulgaria según las condiciones nacionales e internacionales del momento.

En la etapa defensiva las características del frente fueron: 

1) Promover tareas antiimperialistas, antifeudales y antifascistas bajo programas que contengan la lucha contra el invasor extranjero y la camarilla nacional que la sustenta, la libertad de asociaciones antifascistas y la ilegalización de las asociaciones fascistas y sus colaboradores, la creación de un ejército popular, y una reforma agraria que acabe con el latifundismo; 

2) Amplitud en el número de clases interesadas en dicho programa y mayores alianzas –no solo la clase obrera, la pequeña burguesía, o la intelectualidad de mentalidad proletaria o pequeño burguesa–, sino incluyendo a parte de la mediana burguesía nacional y la intelectualidad burguesa que decide por sus intereses de clase momentáneos luchar contra el fascismo, o contra el imperialismo extranjero; 

3) Vanguardizar en mayor o menor medida con el partido comunista frente aunque no se tenga aún todo el reconocimiento ni la legitimidad asegurada dentro de la coalición antifascista, lo mismo en el nuevo ejército popular que deberá ser creado y asegurado por los comunistas.

En la etapa ofensiva las características del frente fueron:  

1) Resolución de tareas anticapitalistas y socialistas como son la confiscación o expropiación de industrias, bancos, transportes, etc., una industrialización –con la industria pesada como eje– y la colectivización del campo que se logrará gracias a toda la puesta en escena de una planificación socialista de la economía a través de bienales, después quinquenales, etc.; 

2) Reducción del número de clases existentes y de alianzas del partido de la clase obrera –el partido comunista–pues la etapa es de clases trabajadoras contra clases explotadoras y cuyo objetivo es eliminar todas las clases explotadoras, incluyendo finalmente en la última etapa la pequeña burguesía, la última clase capitalista que debe proletizarse a través de los koljoses –granjas cooperativas– y sovjoses –granjas estatales–; 

3) Consolidación del prestigio y autoridad del partido comunista en el ejército, reconocimiento de su rol de vanguardia y dirigente en el frente de modo incontestable por el resto de asociaciones, pudiendo imponer sus normas como el centralismo democrático y todo lo que ello supone, también se tiene vistas a la eliminación  paulatina de partidos no proletarios en el frente según se avance en la destrucción económica de las clases explotadoras y según se proleticen las capas de trabajadores –como campesinos koljosianos o intelectuales–, quedando las asociaciones de mujeres, de juventud, los sindicatos en el frente como ruedas de transmisión entre esas capas de la sociedad y sus organizaciones y el partido comunista, partido de la clase obrera;

4) Utilización del frente para expandir la ideología proletaria que tiene su síntesis en el marxismo-leninismo a todas las capas trabajadoras que se están proletizando, llevar esta lucha de clases ideológica a todos los campos de la sociedad sin excepción, expansión y promoción por tanto de la cultura proletaria socialista, válgase para ello de la nueva estructura económica que se construye y de la nueva legislación ejemplificada en la nueva constitución socialista.

Sobra decir que el partido comunista debe aprovechar y si en la primera etapa puede poner en práctica características del frente en la segunda etapa –ofensiva–, debe aprovecharlo, e igual que es impermisible que en la segunda etapa se quede regazado con la fisonomía y funciones de la primera etapa –defensiva–.

Esta obra, y el tratar un tema tan específico como tan pocos han sabido, certifica una vez más que:

«La obra de Georgi Dimitrov es inmortal para el proletariado mundial, y como tal hay que cuidarla». (Introducción del Equipo de Bitácora (M-L) a la obra del Partido del Trabajo de Albania: «El trabajo revolucionario de Georgi Dimitrov es inmortal», 29 de diciembre de 2015)

Recomendamos que pueden buscarse referencia sobre el concepto marxista-leninista del frente en otras obras de Georgi Dimitrov y también en las de su compatriota y discípulo Vulko Chervenkov.


El documento:


El pueblo búlgaro en lucha por la democracia y el socialismo

Informe en el IIº Congreso del Frente de la Patria
2 de febrero de 1948

[El camarada Dimitrov dedicó la primera parte de este informe a analizar la situación internacional, a la lucha de los dos campos; el campo democrático y el campo antidemocrático - Anotación de «¡Por una paz duradera, por una democracia popular!»]

Profundos cambios han tenido lugar en la arena internacional como resultado de la Segunda Guerra Mundial. A pesar de las expectativas de la reacción mundial la Unión Soviética emergió de la guerra más fuerte que antes, y con un prestigio internacional mucho mayor. Un número de países se separaron del sistema imperialista. Los pueblos de Yugoslavia, Bulgaria, Rumanía, Polonia, Checoslovaquia, Hungría y Albania, con el apoyo del victorioso Ejército Soviético, que derrocó al fascismo, abolieron la dependencia imperialista y tomaron el destino en sus propias manos. La aguda crisis en los países coloniales y dependientes es igualmente un gran factor de desmoronamiento para los pilares del imperialismo. Y las contradicciones dentro del campo imperialista, por ejemplo, en relación con el Plan Marshall, para la formación de un Bloque Oeste, etc. jugaran un papel no pequeño en el futuro.

Así, la relación de fuerzas entre el campo imperialista y el campo democrático, como resultado de la Segunda Guerra Mundial ha cambiado drásticamente en favor del campo democrático. En su lucha contra la reacción del campo antidemocrático se basa en la clase obrera, en las masas trabajadoras del campo y la ciudad, en la intelectualidad progresista, en el movimiento democrático de todas las tierras, en los movimientos de liberación nacionales de las coloniales y los países dependientes, en las nuevas democracias. A la cabeza de este campo se encuentra la poderosa Unión Soviética.

El campo democrático es una fuerza lo suficientemente fuerte como para mantener a raya a los ladrones imperialistas, para frustrar sus esquemas y salvar a la humanidad de las nuevas y sangrientas aventuras imperialistas.

El sistema imperialista que no puede ofrecer a los pueblos nada más que guerras devastadoras, está frenando el desarrollo de las fuerzas productivas, y es un freno para el progreso, la ciencia y la cultura. Históricamente, ha sobrevivido a sí mismo, pero su condena es inevitable.

Las fuerzas de la paz, la democracia y el socialismo, son invencibles. Si como se declara en la Declaración de la Conferencia de los nueve partidos comunistas en Polonia de 1947, si ellos ponen a su disposición la firmeza y determinación necesarias, la nueva agresión imperialista estará condenada al fiasco.

Estamos viviendo en un momento en el que el socialismo está a la orden del día, cuando es imposible avanzar sin avanzar hacia el socialismo. El camino al socialismo no es el mismo en todos los países. Difiere en consonancia con las particularidades históricas, nacionales de cada país, pero el camino socialista es inevitable, y es el único correcto para todas las tierras y pueblos.

[El camarada Dimitrov entonces habló de las raíces históricas del Frente de la Patria en Bulgaria - Anotación de «¡Por una paz duradera, por una democracia popular!»]

La creación del Frente de la Patria no era una cosa oportuna; tampoco fue importada desde el extranjero ni impuesta desde arriba. Esta saludable idea surgió del pueblo, cristalizándose como resultado de las luchas de las masas trabajadoras en contra de la traidora monarquía, la venal burguesía y sus grupos antipopulares.

Los principales factores en el desarrollo del Frente de la Patria

[El camarada Dimitrov describe los siguientes factores en el desarrollo del Frente de la Patria como un movimiento popular - Anotación de «¡Por una paz duradera, por una democracia popular!»]

Para empezar el Frente de la Patria organizó la resistencia del pueblo búlgaro contra los esclavistas alemanes y la dictadura monarco-fascista búlgara. El programa inicial del frente, en su difusión durante el 17 de julio de 1942 por la estación «Hristo Botjef» declaró que como tarea central era: la liberación del país del yugo alemán y la dictadura monarco-fascista, el acercamiento de Bulgaria al campo de la coalición antihitleriana y el establecimiento de una autoridad popular democrática. Guiado por el Frente de la Patria la resistencia ofrecida por el pueblo a la agresión de Hitler se extendió gradualmente, y la camarilla monarco-fascista fue incapaz de mandar tropas búlgaras en el frente soviético-alemán. Las victorias del valiente Ejército Soviético, las derrotas sufridas por los alemanes en todos los frentes, la capitulación de la Italia fascista, el crecimiento de la lucha de liberación de los pueblos de Yugoslavia, la marcha del Ejército Soviético en el Danubio, todo ello estimuló la marcha de la lucha de las masas popular para romper con la Alemania de Hitler, para salvar al país del desastre y establecer un genuino gobierno democrático-popular búlgaro. Los Comités del Frente de la Patria, encabezados por el Comité Nacional, surgieron en todo el país. Un extensivo movimiento partisano se puso en marcha. Las diversas unidades unidas en unidades partisanas y eventualmente en el Ejército Popular de Liberación con sus Cuarteles Generales. Un levantamiento armado contra el fascismo en todo el país comenzó a madurar y fue llevado a un punto crítico por la aparición del victorioso Ejército Soviético en la frontera noroeste de Bulgaria.

domingo, 1 de noviembre de 2015

El frente único de la clase obrera contra el fascismo; Georgi Dimitrov, 1935


«¡Camaradas! Millones de obreros y trabajadores de los países capitalistas se preguntan: ¿cómo puede impedirse que el fascismo llegue al poder y cómo derrocarlo, allí donde ya ha triunfado? La Komintern contesta: lo primero, que hay que hacer, es crear el frente único, establecer la unidad de los obreros en cada empresa, en cada barrio, en cada región, en cada país, en el mundo entero. La unidad de acción del proletariado en el plano nacional e internacional, he aquí el arma poderosa que capacita a la clase obrera no sólo para una defensa, sino también para una contraofensiva victoriosa contra el fascismo, contra el enemigo de clase.

Significado del frente único

¿No es evidente que las acciones conjuntas de los afiliados a los partidos y organizaciones de las dos Internacionales –la II Internacional y la Komintern– permitirían a las masas rechazar el empuje fascista y elevarían el peso político de la clase obrera?

Pero las acciones conjuntas de los partidos de ambas Internacionales contra el fascismo no se limitarían a ejercer una influencia sobre sus afiliados actuales, sobre los comunistas y los socialdemócratas, ejercerían también una influencia poderosa en las filas de los obreros católicos, anarquistas y no organizados, incluso sobre aquellos que momentáneamente son víctimas de la demagogia fascista.

Más aún, el potente frente único del proletariado ejercería una enorme influencia sobre todas las demás capas del pueblo trabajador: sobre los campesinos, sobre la pequeña burguesía urbana, sobre los intelectuales. El frente único infundiría a los sectores vacilantes fe en la fuerza de la clase obrera.

Pero tampoco esto es todo. El proletariado de los países imperialistas tiene sus aliados potenciales no sólo en los trabajadores del propio país, sino también en las naciones oprimidas de las colonias y semicolonias. El hecho de que el proletariado se halle escindido sobre un plano nacional e internacional y de que una parte de él apoye la política de colaboración con la burguesía y, sobre todo, su régimen de opresión en las colonias y semicolonias, aparta a los pueblos oprimidos de las colonias y semicolonias de la clase obrera y debilita el frente antiimperialista mundial. Cada paso que dé el proletariado de las metrópolis imperialistas por la senda de la unidad de acción, encaminado a apoyar la lucha de liberación de los pueblos coloniales, equivale a convertir las colonias y semicolonias en una de las reservas principales del proletariado.

Finalmente, si tenemos en cuenta que la unidad de acción internacional del proletariado se apoya en la fuerza, sin cesar creciente, del Estado proletario, del país del socialismo, de la Unión Soviética, vemos qué vastas perspectivas abre la realización de la unidad de acción del proletariado sobre el plano nacional e internacional.

lunes, 3 de agosto de 2015

Los engaños del reformismo socialdemócrata sobre los obreros y sus resultados

Iósif Stalin y Georgi Dimitrov

«En el periodo en que los obreros y campesinos rusos derribaron el poder de los terratenientes y los capitalistas, en Europa central existían todas las condiciones objetivas necesarias para que el proletariado europeo, y en primer lugar el alemán, pudieran emprender el camino recorrido ya por los obreros y campesinos soviéticos. Pero no se hizo así. No se hizo, principalmente porque en la dirección de las organizaciones de masas del proletariado tenían entonces la palabra decisiva los líderes de los partidos socialdemócratas, que ya desde comienzos de la guerra estaban en coalición con la burguesía imperialista de sus respectivos países.

Deseosos de conservar a toda costa las bases tambaleantes de la sociedad burguesa, aprovecharon a fondo la influencia ideológica y política de la socialdemocracia, del reformismo, para engañar a la mayoría de la clase obrera, para tratar de convencerla de que no era el mayor desarrollo de la Revolución, sino su rápida liquidación, lo que conduciría a los obreros al socialismo. Mediante su coalición con la burguesía, escindieron al movimiento obrero, debilitaron al proletariado, aislándolo del campesinado y la pequeña burguesía de la ciudad, y de este modo ayudaron a la burguesía a organizar sus fuerzas y a pasar a la ofensiva contra los obreros y campesinos revolucionarios.

Los políticos cobardes y estafadores, que se encontraban al frente de las organizaciones obreras de masas del proletariado, atemorizaban a los obreros en el sentido de que habría víctimas, se harían sacrificios, se producirían privaciones y se caería en la ruina económica. Les inculcaban la idea de que el camino del bolchevismo, la aplicación revolucionaria, en la práctica, de la doctrina de Marx y Engels, la revolución proletaria y la dictadura del proletariado no conducirían al socialismo, sino que llevaría a él el camino de la socialdemocracia: el de la coalición con la burguesía y la conservación del régimen burgués aseguraría el tránsito pacífico e indoloro al socialismo.

Ahora el resultado de estos veinte años salta a la vista. ¿Quién negaría que los sacrificios, y las privaciones que sufrieron, por ejemplo, toda la clase obrera y los trabajadores de Alemania durante todo el periodo de posguerra, y en particular, en las condiciones del cruento régimen de la dictadura fascista, no son mil veces más grandes que todos los sacrificios y privaciones que habrían sido necesarios para la victoria de la revolución proletaria en 1918? En vez del paso pacífico e incruento al socialismo, que prometía la socialdemocracia, con toda su política divisionista y derrotista, allanó el camino para la victoria del fascismo». (Georgi Dimitrov; La Unión Soviética y la clase obrera de los países capitalistas, 7 de noviembre de 1937)

jueves, 23 de julio de 2015

El lenguaje con el que los marxista-leninistas nos debemos dirigir a las masas

Liliana dicheva - «Georgi Dimitrov entre la juventud trabajadora»

«El camarada Stalin señalaba que una de las peculiaridades en la táctica de los bolcheviques rusos, en el periodo de la preparación de la insurrección de la revolución de octubre del 1917, fue la de que supieron determinar con exactitud los caminos y recodos que podían vincular, naturalmente, a las masas con las consignas del partido, conduciéndolas al «umbral mismo de la revolución», ayudándolas a sentir, valorar y reconocer por su propia experiencia la exactitud de esas consignas; que no confundían la dirección del partido con la de las masas y tenían la clara conciencia de la diferencia que existe entre estas dos categorías de dirección, con lo cual elaboraron la táctica, no sólo como una ciencia para la dirección del partido, sino también para la de millones de trabajadores.

Además debemos tener en cuenta que imposible que las amplias masas comprenderán nuestras resoluciones sino aprendemos a hablar su propio lenguaje. No siempre, ni mucho menos, sabemos hablar de un modo sencillo, concreto, con conceptos familiares y comprensibles para ellas. Todavía no sabemos renunciar a las fórmulas abstractas, aprendidas de memoria. En efecto, fíjense en nuestros manifiestos, periódicos, resoluciones y tesis, y verán que están escritos muy a menudo en un lenguaje y en una redacción tan pesados, que su comprensión resulta inclusive difícil para los militantes responsables de nuestros partidos, y no digamos para nuestros militantes de fila.

Si pensamos camaradas, que en los países fascistas los obreros, que difunden y leen estas hojas, se juegan la vida, salta a la vista con toda claridad la necesidad de escribir para las masas en un lenguaje comprensible para ellas, a fin de que también los sacrificios que se realicen no sean estériles. (...)

Mientras yo pronunciaba mi informe, el presidente, el camarada Otto Kuunisen, recibió de la sala una carta muy significativa dirigida a mí. Voy a leerla:

«Le ruego que en su intervención en el congreso toque un problema, a saber: que de aquí en adelante todos los acuerdos y decisiones de la Internacional Comunista se redacten de tal modo que puedan entenderse no sólo por los comunistas preparados, sino también cualquier trabajador, sin preparación alguna, que leyendo los materiales de la Internacional Comunista vea en seguida lo que quieren los comunistas y qué beneficio aporta el comunismo a la humanidad. Es cosa que olvidan algunos dirigentes del partido. Hay que recordárselo con más energía aún. Y desarrollar la agitación por el comunismo en un lenguaje comprensible». (Carta anónima dirigida a Georgi Dimitrov presentada por él en su discurso del 13 de agosto de 1935)

No sé a ciencia cierta quién es el autor de la carta. Pero no hay duda que este camarada refleja en ella el sentir y deseo de millones de obreros. Muchos de nuestros camaradas piensan que su agitación y su propaganda son mejores cuantas más palabras altisonantes, fórmulas y tesis incomprensibles para las masas se empleen; olvida que Lenin, el jefe teórico de la clase obrera más grande de nuestro tiempo, hablaba y escribía siempre en un lenguaje muy comprensible para las amplias masas.

Es menester de cada uno de nosotros asimile con firmeza, como ley bolchevique, esta regla elemental:

¡Cuando escribas o hables, piensa siempre en el obrero sencillo que tiene que entenderte, creer tus llamamientos y estar dispuesto a seguirte! ¡Piensa en aquellos para quienes escribes o a quienes hablas!». (Georgi Dimitrov; Por la unidad de la clase obrera contra el fascismo; Discurso de resumen en el VIIº Congreso de la Internacional Comunista, 13 de agosto de 1935)

jueves, 9 de julio de 2015

Sobre el poder de democracia popular, el poder soviético y la dictadura del proletariado



«La segunda caracterización se refiere a la caracterización ofrecida en el informe sobre la democracia popular. Algunos camaradas que en la discusión mencionaron el problema de la democracia popular, pusieron o estaban inclinados a poner el acento ante todo sobre las diferencias entre el régimen de democracia popular y el régimen soviético, cosa que puede llevar a conclusiones injustas y nocivas.

De acuerdo con el planteamiento marxista-leninista el régimen soviético y el de democracia popular son dos formas de un mismo poder: el de la clase obrera en alianza y al frente de los trabajadores de la cuidad y campo. Se trata de dos formas de la dictadura del proletariado. La forma específica de la transición del capitalismo al socialismo en nuestro país no deroga ni puede derogar las leyes naturales, fundamentales, del período de transición del capitalismo al socialismo, comunes para todos los países. El paso al socialismo no puede efectuarse sin la dictadura del proletariado contra los elementos capitalistas y sin la organización de la economía socialista.

Pero en tanto que la democracia burguesa es la dictadura del capital, de una minoría del gran capital explotador sobre la enorme mayoría trabajadora, la democracia popular cumple las funciones de la dictadura del proletariado en interés de la enorme mayoría trabajadora y realiza la más amplia y plena democracia, la democracia socialista.

De lo que hay de común entre el poder de democracia popular y el poder soviético en lo principal, en lo decisivo, es que la clase obrera tiene el poder en alianza y al frente de los trabajadores, se deducen conclusiones esenciales sobre la necesidad de estudiar en todos los aspectos y utilizar de la manera más amplia la gran experiencia de la edificación socialista de la Unión Soviética. Y esta experiencia, compañeras y compañeros, en consonancia con nuestras condiciones, es el único, el mejor modelo la construcción del socialismo en nuestro país, como también en los demás países de democracia popular». (Georgi Dimitrov; Informe en el Vº Congreso del Partido Obrero (comunista) Búlgaro, 15 de diciembre de 1948)